El arepazo que cruza fronteras: plazas convertidas en hogar
Sin tarima ni patrocinadores: un budare portátil y el olor a arepa están reuniendo a decenas de venezolanos en plazas de tres continentes. En 2026, el “arepazo” se volvió señal de hogar en el exilio.
¿Qué está pasando?
De Madrid a Santiago de Chile, pasando por Ciudad de México, Bogotá, Lisboa y hasta Melbourne, grupos de venezolanos se autoconvocan en espacios abiertos para compartir arepas, cuentos y contactos. No es festival ni feria: es comunidad descomplicada que aparece y desaparece con la misma rapidez con la que se calienta un budare.
La dinámica es simple: cada quien trae algo —harina, rellenos, jugos— y se arma la mesa colectiva. Entre mordiscos salen los chistes, las historias de llegada y, sin darse cuenta, una red de apoyo que empieza por el estómago y termina en el alma.
“Aquí nadie pregunta de dónde vienes para juzgarte; preguntan cómo te gustan las arepas. Y de ahí, todo fluye”.
Por qué importa para la diáspora
El arepazo hace de puente emocional. Para quien llega solo, escuchar un “mi amor, siéntate” con acento familiar vale oro. Es contención, pertenencia y memoria afectiva en una servilleta.
También es oportunidad. Entre risas se comparten leads de empleo, alquileres temporales, clases particulares y contactos de confianza. No hay promesas mágicas, pero sí puertas que se abren gracias a la confianza entre paisanos.
Y es solidaridad práctica: intercambios de libros, ropa de invierno para el recién llegado, recomendaciones de trámites habituales y rutas seguras de transporte. La fórmula: dar primero, pedir después.
¿Qué hay detrás?
La organización suele nacer en grupos de WhatsApp o Telegram y se amplifica con historias de Instagram. La regla no escrita: puntualidad, respeto al espacio público y cero desperdicio. Un flyer casero con hora y pin de ubicación basta para activar a la comunidad.
Cómo sumarte o replicarlo con respeto
Si tu ciudad ha visto nacer estos encuentros, o si tu grupo quiere impulsarlos, cuida los detalles para que la tradición crezca sin fricciones ni riesgos.
- Verifica normas locales: uso de espacios públicos, consumo de alimentos y restricciones de fuego al aire libre varían por ciudad.
- Cuida la seguridad alimentaria: higiene, utensilios limpios, manejo de alérgenos y alimentos bien conservados.
- Hazlo inclusivo: si alguien no puede llevar ingredientes, que aporte tiempo, música o logística.
- Evita la venta sin licencias: mantén el espíritu comunitario y cultural, no comercial.
- Deja el lugar mejor de como lo encontraste: bolsas para residuos, limpieza y cero ruido fuera de horario permitido.
Si tu comunidad lleva un registro interno de encuentros, protege datos sensibles y acuerda canales de comunicación claros para avisos de última hora.
Señales de futuro
Aunque no hay cifras oficiales, el formato se está afinando: algunos grupos migran de plazas a centros comunitarios, parroquias o universidades; otros suman música llanera, talleres de cuatro y rincones infantiles. La esencia se mantiene: comida sencilla, abrazo grande y red de confianza.
Veneco te escucha
Si un arepazo te cambió la semana —te consiguió cuarto, trabajo o un pana— cuéntanos tu historia. En Veneco creemos que cada masa compartida amasa futuro. Deja tu anécdota en comentarios o usa #VenecoEnElMundo. Nadie se queda solo si nos organizamos bonito.