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Las casas venezolanas que sostienen a la diáspora

Venezolanos reunidos en una sala compartiendo arepas y sonrisas

¿Sabías que, en ciudades de tres continentes, hay salas pequeñas que se han vuelto faro del que llega con la maleta y el corazón acelerado? A esos hogares espontáneos los llaman “casas venezolanas” y están tejiendo, en silencio, la red de apoyo más cálida de nuestra diáspora.

Qué está pasando: una red casera, cercana y efectiva

De Madrid a Santiago, de Lisboa a Buenos Aires, familias y roommates criollos abren su puerta algunas horas a la semana para ofrecer lo esencial: orientación básica del barrio, una arepa caliente, WiFi para avisar que se llegó bien y un mapa de oportunidades locales. No es una ONG ni un albergue formal: es vecindad organizada.

“El que llega, come. Y después pregunta por dónde empezar.”

Cómo funcionan: reglas claras, corazón grande

Estas casas operan con acuerdos simples: horarios definidos, máximo de personas por visita, nada de pernocta, y cero cobros obligatorios. Quien puede, aporta con café, queso rallado o un paquete de harina; quien no, deja un contacto, un dato laboral o simplemente una conversación. La premisa: acompañar sin juzgar.

Lo que se comparte

- Orientación sobre transporte y barrios cercanos.
- Referencias de empleo local (cuidado de mayores, hostelería, oficios, delivery).
- Tips para trámites cotidianos del país de acogida.
- Puentes con otras redes vecinales y parroquias solidarias.

Dónde encontrarlas sin exponerte

La mayoría se coordina boca a boca y en grupos de mensajería de la ciudad. Señales habituales: publicaciones con dirección aproximada, horarios acotados y una lista clara de lo que ofrecen. Si prefieres un punto institucional para cruces de información y protección, revisa el portal regional de coordinación R4V (ACNUR/OIM) en tu país de residencia, que centraliza apoyos de organizaciones aliadas: r4v.info.

Oportunidad: de la arepa solidaria al primer empleo

En estas mesas se activan puertas: alguien necesita un ayudante en cocina, otra persona busca quien cuide a su mamá, un tercero comparte un curso gratuito. La casa se convierte en punto de partida para integrarse, aprender códigos locales y recuperar la confianza.

Cuidado y límites: seguridad primero

La solidaridad también se cuida. Recomendaciones: no entregues documentos originales; comparte la ubicación con un familiar antes de ir; evita ofertas de empleo sin contrato o que pidan pagos por adelantado; si algo no cuadra, retírate. Las buenas redes se reconocen por su transparencia y por respetar tus tiempos y decisiones.

Cómo sumar desde donde estés

- Si tienes un espacio, define horario semanal, capacidad y normas visibles.
- Si no, apoya con insumos, transporte o tiempo como voluntario.
- Comparte datos útiles verificados (direcciones, rutas, costos aproximados).
- Conecta tu casa con parroquias, comedores y centros comunitarios del sector.

En cada taza de café y cada arepa compartida está el país que llevamos dentro. Si conoces o lideras una casa venezolana en tu ciudad, cuéntanos: queremos amplificar ese esfuerzo y unir más puntitos en el mapa de la esperanza.

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