De la maleta al mostrador: la ola venezolana en mercados del mundo
Arepas, trabajo y pertenencia: la fórmula que está cambiando mercados.
¿Quién iba a decir que el sonido más esperanzador de muchos barrios del mundo sería el chisporroteo de una arepa? De Madrid a Santiago, y de Bogotá a Miami, la diáspora venezolana está transformando mercados y ferias gastronómicas con sabor, trabajo y comunidad.
Qué está pasando y por qué importa
En los últimos años, los mercados gastronómicos y ferias locales se convirtieron en la puerta de entrada para cientos de emprendedores migrantes. Entre ellos, los venezolanos han destacado con areperas, puestos de cachapas, golfeados y café, combinando recetas familiares con técnicas aprendidas en la ruta migrante.
Este movimiento no es solo culinario: es empleo, redes de apoyo y visibilidad. Allí se consigue el primer contacto con clientes, se prueban menús, se miden costos y, sobre todo, se construye reputación para dar el salto a cocinas compartidas o locales propios.
El modelo que abre camino
Mercados, ferias y cocinas compartidas
La ecuación suele repetirse en ciudades con alta movilidad: mercados municipales, ferias de fin de semana y cocinas compartidas permiten arrancar con menor inversión inicial y horarios flexibles. Para muchos venezolanos, vender porciones pequeñas, menús del día o combos para llevar ha sido la forma de testear producto sin comprometerse a contratos largos.
En paralelo, las redes vecinales y los “arepazos” comunitarios impulsan el boca a boca, un activo que vale oro cuando no hay presupuesto en publicidad. De ahí nacen colaboraciones con otros puestos, pedidos al por mayor y los tan deseados “pop-ups” en espacios más grandes.
Identidad que conquista paladares
Más allá de la nostalgia, la propuesta se sostiene en calidad y adaptación: masas sin gluten, rellenos vegetarianos o fusiones con ingredientes locales conviven con el clásico “reina pepiada”. Esa mezcla ha permitido a los emprendedores entrar en festivales, caterings corporativos y eventos culturales.
“Cada arepa es una historia servida caliente: la de quien tuvo que irse, la de quien encontró trabajo y la de quien volvió a sonreír detrás del mostrador.”
Oportunidad, orgullo y la curva de aprendizaje
Emprender en mercados implica entender normas locales de higiene, permisos y horarios. Las reglas varían por ciudad y pueden cambiar con el tiempo; lo sensato es confirmar requisitos en los portales oficiales de cada municipio o administración del mercado antes de invertir.
La buena noticia: la comunidad venezolana alrededor del mundo comparte aprendizajes prácticos —desde proveedores hasta empaques— y eso reduce errores costosos. Además, la presencia constante en ferias fortalece la marca personal: el cliente reconoce el acento, el producto y vuelve por confianza.
Lo que viene: escala con propósito
Cuando el puesto funciona, el siguiente paso suele ser un “ghost kitchen” para delivery, un carrito móvil o un local pequeño con menú corto. La clave está en mantener el corazón del producto y profesionalizar procesos: estandarizar recetas, entrenar equipo y ordenar finanzas.
Porque sí, vender comida es negocio, pero también es pertenencia. Cada bandera tricolor en un mostrador recuerda que no se trata solo de vender: se trata de estar, de tejer comunidad y de dejar huella donde ahora vivimos.
Veneco te escucha
¿Tienes un puesto o sueñas con montar uno? Cuéntanos dónde estás, qué vendes y qué aprendiste en el camino. En Veneco creemos que compartir conocimiento es el ingrediente secreto para que más venezolanos pasen de la maleta al mostrador, con sabor a futuro.