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Del arepazo al empleo: la diáspora convierte nostalgia en oportunidad

Nostalgia que paga nómina y futuro.

Venezolanos compartiendo arepas en un mercado urbano del exterior

¿Qué tienen en común el aroma de una reina pepiada en Madrid y la fila por un guayoyo en Santiago? Más que antojo: empleo, comunidad y futuro. La nostalgia venezolana ya no solo alimenta corazones; también está pagando nóminas y abriendo puertas en decenas de ciudades en 2025–2026.

Un boom con propósito (y con acento venezolano)

El mapa del arepazo global no es moda pasajera. Detrás de cada arepera, panadería criolla o puesto de cachapas hay una red que contrata a recién llegados, ofrece primer empleo y entrena oficios que sirven en cualquier país. En barrios de España, Chile, Perú, Colombia, Argentina y Estados Unidos, estos negocios se han vuelto puntos de encuentro y, sobre todo, de arranque laboral.

No es solo vender comida: es formalizar talento. Quien llega aprendiendo barra y plancha hoy, mañana domina caja, inventarios y proveedores. Esa curva crea oficio y abre opciones para escalar o emprender.

Más que comida: redes que cuidan

Detrás del mostrador pasan cosas poderosas: horarios flexibles para madres migrantes, turnos compartidos para estudiantes, y cadenas de recomendación que mueven currículos en tiempo récord. Son prácticas espontáneas que nacen de la necesidad y terminan sosteniendo comunidades.

“No nos fuimos: nos expandimos. Y donde cae una arepa, florece una oportunidad.”

El resultado es visible: barrios enteros reconocen el trabajo venezolano por su atención cercana, su rapidez para organizarse y su manía de celebrar cada pequeño logro con papelón con limón.

Del primer turno al crecimiento: la escalera posible

1) Oficio que se vuelve carrera

Quien aprende operación hoy, mañana coordina compras, maneja costos y estandariza recetas. Esa es la base para liderar equipos o abrir un local propio con procesos claros.

2) Marcas que nacen del barrio

El sello venezolano gana fuerza cuando es consistente: menú corto y bien ejecutado, identidad visual cuidada, y atención que recuerde tu nombre. Las microfranquicias barriales han surgido de ese rigor casero.

3) Comunidad que te recomienda

La voz a voz criolla sigue siendo el mejor algoritmo. Un buen pabellón llama a otro; una contratación justa trae otra. Cuidar salarios, turnos y formalidad multiplica talento fidelizado.

Claves prácticas para el veneco que quiere abrir o escalar

- Estándares simples: recetas pesadas, tiempos por estación y lista corta de proveedores evitan sorpresas. Tu sazón es oro; tu control de costos, el cofre.

- Caja clara: separa ventas, costos variables y ahorro para imprevistos. Incluso un kiosco necesita colchón.

- Marca con raíz: cuenta tu historia (por qué ese nombre, de qué barrio vienes, quién te enseñó la arepa) y deja que la clientela la repita.

- Aprende del entorno: busca requisitos sanitarios y permisos en la web oficial de tu ciudad. Si hay dudas, consulta cámaras de comercio locales o centros de apoyo a emprendedores. Como lectura útil sobre emprendimiento migrante, la OIM ofrece materiales generales en su sitio oficial: iom.int.

Orgullo que se comparte

La diáspora venezolana está convirtiendo antojos en empleos y recetas en rutas de progreso. No hace falta esperar la gran oportunidad: muchas empiezan con una plancha caliente, una libreta de costos y una red que te empuja hacia arriba.

En Veneco creemos que cada arepera, panadería o puesto criollo es una embajada de buen trato y trabajo bien hecho. Si conoces un negocio que esté dando primeros empleos a nuestra gente, cuéntanos su historia. Juntos mapeamos esas esquinas donde la nostalgia se vuelve futuro.

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