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Domingos de softbol: la red secreta de empleo de la diáspora

Juego, trabajo y hogar en un mismo diamante.

Venezolanos jugando softbol en un parque urbano, celebración y unión

¿Quién diría que un batazo de domingo puede abrir la puerta de un trabajo el lunes? En parques de Santiago, Bogotá, Madrid y más, las ligas de softbol criollas se están convirtiendo en una red real de apoyo, oportunidad y pertenencia para la diáspora venezolana.

Del juego al salvavidas

Lo que empezó como una excusa para reencontrarse con el sabor del guayoyo y el acento, hoy es un trampolín de superación. En estas ligas de barrio se mezclan recién llegados, profesionales con años fuera y familias enteras. La pelota corre y, sin darse cuenta, también corren las referencias, los contactos y las mejores noticias: “me llamaron”, “arranco la semana que viene”.

“La pelota me devolvió la voz. Vine sin nada, jugué un mes, y en la banda del jardín encontré trabajo y pana. El equipo se volvió familia.”

Historias así se repiten en canchas de tierra, parques iluminados y hasta estacionamientos adaptados. No hay números oficiales, pero la tendencia es clara para quien se asome un domingo: organización, solidaridad y futuro.

Cómo se organizan sin perder el swing

Las ligas se arman por WhatsApp o Telegram, con equipos mixtos y reglas sencillas. Suelen jugar en la mañana o a media tarde, con aportes pequeños para pelotas, mallas y árbitros. Los uniformes son caseros, los nombres de los equipos sabrosos y la logística, transparente.

En muchos casos, comercios latinos cercanos “padrinan” con agua, hielo o descuentos. Otros llevan termos de papelón con limón y, al terminar, se arma la conversa que vale oro: alguien necesita repartidores, otra busca una diseñadora, aquel conoce a una administradora con papeles en regla.

Oportunidad: empleo, compras solidarias y hasta techo

El diamante se volvió vitrina de habilidades. Quien lanza bien también recomienda bien; quien corre rápido a veces corre la voz de una vacante. Más de uno ha conseguido entrevista, roommates o un cuarto temporal después de un juego reñido.

Las ligas también son mercado solidario: hallacas por encargo, arepas pre-hechas, gorras bordadas. Pequeños emprendimientos nacen al borde de la raya de foul, probados por la comunidad antes de volverse negocio formal.

Señales de seriedad (y red flags)

Señales de seriedad

- Aportes claros y rendición de cuentas en el chat.
- Calendario de juegos y normas de respeto visibles.
- Rotación de canchas/horarios comunicada con tiempo.
- Patrocinios o apoyos locales identificables.

Red flags

- Cobros altos sin explicar en qué se usan.
- Presión para pagar por adelantado a cuentas personales desconocidas.
- Falta de reglas o tolerancia a faltas de respeto.
- Promesas de empleo “garantizado” a cambio de dinero.

Dónde están apareciendo

La movida se ve en barrios populares y periferias con canchas abiertas: Maipú y Puente Alto (Santiago), Suba y Engativá (Bogotá), San Martín (Buenos Aires), Carabanchel y Vallecas (Madrid), Almada (Lisboa), Surco (Lima), Doral y Kendall (Miami), entre otros. Son ejemplos, no un mapa definitivo: cada fin de semana asoman nuevos diamantes.

Lo que podría crecer en 2026

Si la energía se mantiene, veremos más torneos benéficos, alianzas con comercios latinos, clínicas para chamos y ligas femeninas tomando protagonismo. También más organización digital: calendarios compartidos, arbitrajes rotativos y vitrinas de empleo comunitarias.

La clave seguirá siendo la misma: respeto, constancia y una convicción que traspasa fronteras.

Veneco: del dugout a la comunidad

El softbol criollo no es nostalgia: es proyecto de vida en equipo. Si juegas o conoces una liga en tu ciudad, cuéntanos cómo se organizan y qué impacto han tenido. En Veneco creemos en la fuerza de estos pequeños grandes estadios: allí también se construye el mañana.

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