La economía hallaca que emplea a la diáspora en 2025
La tradición que se volvió empleo y orgullo en 2025.
¿Un guiso que paga nóminas? En este diciembre de 2025, la tradición venezolana está moviendo cajas, creando turnos y poniendo a sonar datáfonos en ciudades donde hace pocos años nadie sabía decir "hallaca".
Qué está pasando
La temporada decembrina ha encendido una ola de microemprendimientos venezolanos: cocinas compartidas, ferias pop-up y servicios de catering que, a punta de hallacas, pan de jamón y ensalada de gallina, están generando ingresos y empleo para compatriotas en el exterior. Es una respuesta ingeniosa de una comunidad de más de siete millones de venezolanos fuera del país, según la plataforma R4V (r4v.info).
No es solo vender comida típica: es logística, compras, empaque, atención al cliente, redes sociales, reparto y control de calidad. De octubre a enero, la demanda sube y muchos negocios nacen o se fortalecen en ese pico. La novedad de 2025 es la profesionalización: más aliados locales, contratos temporales y procesos claros para sostener la operación.
“La receta más valiosa no está en la hoja: está en trabajar juntos. La unión siempre fue el secreto.”
Por qué importa
Este fenómeno convierte la nostalgia en oportunidad. Para recién llegados, puede significar su primer ingreso formal o una puerta para validar habilidades: cocina, gestión, marketing o finanzas. Para quienes ya están establecidos, es un trampolín para crecer, diversificar y conectar con el mercado local sin perder identidad.
Además, derriba prejuicios. Cuando un cliente extranjero prueba una hallaca bien hecha y vuelve con amigos, la cultura se vuelve soft power: abre conversaciones, acercamientos y hasta ofertas laborales que trascienden la cocina.
Cómo lo están logrando
Redes y colaboración
Equipos que se forman por confianza: quien sabe envolver, quien hornea, quien lleva el control de pedidos. WhatsApp y grupos de barrio organizan la producción, fijan cortes de pedido y reparten rutas. Donde hay mezcla de acentos, hay organización.
Espacios compartidos
Muchos proyectos operan en cocinas habilitadas o espacios colaborativos. En algunos casos, se reservan por horas para cumplir con normas de higiene y asegurar capacidad. Los horarios nocturnos y madrugadas se vuelven aliados para optimizar costos.
Marca con raíz
Fotos limpias, relatos familiares y transparencia de ingredientes. La historia detrás del producto –la receta de la abuela, el primer diciembre lejos– construye confianza y fideliza. La identidad vende tanto como el sabor.
Más allá de la cocina
La economía hallaca arrastra oportunidades creativas: diseño de etiquetas, música en vivo para ferias, fotografía gastronómica, cursos cortos y talleres culturales para empresas y escuelas. Incluso proveedores de insumos (hoja de plátano, pabilo, envases) encuentran demanda estacional y alianzas a futuro.
Riesgos y señales de alerta
No todo es sabor y brindis. Los márgenes pueden ser estrechos por costos de alquiler, insumos y logística. Las licencias, permisos y reglas de inocuidad varían por ciudad y pueden cambiar con frecuencia; antes de invertir o aceptar pedidos grandes, es clave verificar requisitos locales y opciones de seguro. Si algo suena demasiado fácil o barato, toca revisarlo dos veces.
Lo que podría venir
Si la demanda se mantiene en 2026, podría crecer la oferta de cooperativas, franquicias pequeñas y alianzas con mercados y supermercados locales. También se vislumbra más capacitación técnica y formalización contable para sostener el flujo fuera de temporada.
Veneco en comunidad
La economía hallaca es más que negocio: es un abrazo envuelto en hoja. Si estás impulsando un proyecto, si buscaste tu primer turno o si en tu ciudad nació una feria venezolana, queremos escucharte. Comparte tu historia y ayuda a encender más cocinas, más empleos y más orgullo donde sea que estemos.