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Gaitas y hallacas en invierno: la Navidad venezolana conquista el mundo

Diciembre suena a gaita en la diáspora.

Venezolanos en el exterior celebrando con gaitas y hallacas en una noche de invierno
La diáspora venezolana enciende la Navidad lejos de casa.

¿Quién dijo que el frío apaga la Navidad? Este diciembre, desde Estocolmo hasta Santiago, la diáspora venezolana arma gaitas en sótanos, plazas y centros comunitarios. Pan de jamón, hallacas y aguinaldos cruzan fronteras y abrigan el corazón. Lo que empezó como reuniones pequeñas hoy es una red espontánea de microfestivales criollos que levantan ánimo y crean oportunidades.

Un diciembre criollo en latitudes frías

Entre luces de invierno y bufandas, los venecos están convirtiendo barrios enteros en estaciones de alegría. Se escuchan cuatros y panderetas, humean las ollas de guiso y se comparten recetas que encuentran su propio acento según el país de acogida. Al 2025-12-13, las redes se llenan de “gaitazos”, “arepazos” y encuentros familiares en locales pequeños, iglesias, mercados y patios vecinales.

Más que grandes tarimas, lo que manda son las ganas. Cada fin de semana aparece un volante digital, una dirección compartida por amigos, una historia que invita a llevar abrigo, termo de papelón y una sonrisa. La consigna es sencilla: celebrar lo nuestro sin importar el clima.

Más que nostalgia: oportunidad

Estos encuentros también mueven la economía de bolsillo. Emprendedores de comida, músicos, fotógrafos y artesanos encuentran vitrinas para sus talentos. Un lote de hallacas puede significar la renta del mes; una presentación de gaita, el empujón para comprar instrumentos; una mesa de postres, nuevos clientes para enero.

“Nos fuimos, pero no nos fuimos: donde hay una arepa y una gaita, hay hogar.”

Además, los gaitazos se han vuelto espacios de networking: se recomiendan empleos, se comparten datos de vivienda, se ofrecen clases de idioma y se arman cadenas de apoyo para recién llegados. La cultura abre la puerta y la comunidad la sostiene.

La música que nos junta

La gaita, los aguinaldos y las parrandas son el hilo conductor. Suenan el cuatro, la tambora, el furro y la charrasca, y con ellos la memoria colectiva: Maracaibo, Caracas, San Cristóbal, Puerto Ordaz… Cada acorde despierta un país entero en la cabeza. Y los niños, que quizá no conocieron diciembre en Venezuela, aprenden a palmear y cantar estribillos con acento propio.

Este rescate musical no es solo tradición: es salud emocional. Cantar en coro, comer en rueda y bailar en familia generan pertenencia, alivian la nostalgia y fortalecen lo que somos juntos, aquí y ahora.

Cómo sumarte desde donde estés

Antes de moverte, verifica horarios y condiciones en los canales oficiales de cada evento, especialmente por clima o aforos. La seguridad y el calor humano van primero.

  • Apoya al vecino que cocina: compra local, reserva con tiempo y comparte reseñas honestas.
  • Si tocas o cantas, ofrece tu talento; si no, lleva una maraca o presta el carro para transportar equipos.
  • Comparte ubicaciones seguras y rutas de transporte; en noches frías, coordina retornos acompañados.
  • Arma una playlist colaborativa con gaitas, aguinaldos y parrandas para que nadie se quede sin son.

Comparte con Veneco

Queremos ver cómo vibra tu diciembre. Etiqueta tus fotos y videos con #VenecoEnNavidad y cuéntanos qué emprendimientos y talentos descubriste en tu ciudad. Juntos mapeamos esta ruta de sabor, música y esperanza que la diáspora está trazando en el mundo.

Porque allá donde nos reencontramos para partir una hallaca y corear un estribillo, vuelve a nacer Venezuela. Y eso, panas, no lo enfría nadie.

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