La Hallaca Global: venezolanos que cocinan unión en 5 husos
Un guiso, cinco husos horarios. ¿Te has fijado? En diciembre, desde Madrid hasta Santiago y de Miami a Buenos Aires, la diáspora venezolana prende la olla y arma hallacas como si cada hoja fuera un pasaporte emocional.
Un mismo guiso en cinco husos: ¿qué está pasando?
En decenas de ciudades del mundo, venezolanos organizan “hallacadas” colectivas: cocinatas abiertas en casas, parroquias, cocinas comunitarias o coworkings. No es solo comida: es logística, recuerdos y una excusa para abrazarnos aunque estemos lejos.
Los encuentros suelen surgir de chats vecinales o grupos de migrantes. Se comparten compras, roles y horarios: quien pica, quien amarra, quien sirve el guayoyo. Y al final, todos llevan una docena para su mesa y otra para regalar.
“La hallaca es nuestro GPS emocional: te dice dónde estás y con quién estás.”
La receta que también cura: identidad y apoyo
La hallaca es un ritual de pertenencia. El guiso comparte historias, las hojas guardan la nostalgia y el amarre asegura la esperanza. Para muchos recién llegados, una hallaca es el primer bocado que dice: no estás solo.
Además, estos espacios ayudan a conectar: salen trabajos, cuidos, alojamiento temporal y hasta grupos de estudio para niños. La mesa abre puertas que internet no alcanza.
Cómo se organizan afuera
La coordinación suele darse por WhatsApp, Telegram o Instagram de asociaciones barriales. Se proponen fechas, se arma una lista de compras al por mayor y se divide el proceso en estaciones: amasado, guiso, armado y amarre. Cada quien aporta según su tiempo, habilidad o bolsillo.
Bolsillo amable: trucos para no gastar de más
- Compra conjunta de insumos y uso de cocinas compartidas para ahorrar gas/energía.
- Sustituye onoto por pimentón ahumado o paprika dulce con aceite tibio.
- Si no hay hoja de plátano, usa hoja de maíz para tamal o papel para hornear como refuerzo.
- Reutiliza pabilo, clasifica por sabores y congela por tandas para evitar mermas.
Oportunidad con propósito
Para emprendedores, diciembre se vuelve temporada alta: clases de armado, “kits hallaca” y entregas a domicilio. Si te animas a ofrecer servicios, revisa normativas locales de manipulación de alimentos y define canales de pago claros. La idea: ingresos dignos, calidad y transparencia.
Puentes que llegan a quien más lo necesita
Varias hallacadas destinan parte de la producción a recién llegados, estudiantes o adultos mayores. Otras redirigen aportes a comedores comunitarios del barrio. Lo importante es hacerlo con coordinación y respeto, en alianza con organizaciones locales del lugar donde vives.
¿Y si no consigues ingredientes?
No pasa nada: la creatividad criolla no falla. A falta de pasas, frutas deshidratadas picaditas; aceitunas sin semilla si el presupuesto aprieta; pollo desmechado cuando la carne roja está cara. El sello está en el guiso bien sofrito y el amarre apretadito.
Lo que viene
Diciembre trae más “cocinas abiertas” y recetas compartidas. La hallaca nos recuerda que la distancia se cocina a fuego lento, en equipo y con buen humor. Si en tu ciudad ya hay movimiento, súmale tu sazón; si no, empieza con una olla pequeña y dos panas. Del primer amarre al último, todos contamos.
En Veneco creemos que cada hallaca afuera es un voto de confianza en lo que somos. Comparte tu historia, tu foto y tu truco infalible: hagamos mapa de hallacas por el mundo para que nadie cene nostalgia solo.