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Paradura del Niño en el exilio: Venezuela que abriga a Venezuela

Tradición que cruza fronteras y teje redes de apoyo en 2026.

Familias venezolanas en el exterior celebrando la Paradura del Niño en invierno
Identidad que abriga en cualquier latitud.

¿Sabías que en pleno invierno, bajo gorros y bufandas, miles de venezolanos cantan “Gloria” en salas, plazas y hasta pasillos de metro? La Paradura del Niño cruzó fronteras y está rearmando comunidad en la diáspora, con fe, música y manos que se ayudan.

¿Qué es la Paradura del Niño y por qué importa fuera de casa?

La Paradura del Niño es una tradición andina que, tras Navidad y hasta finales de enero, “para” al Niño Jesús y lo pasea entre vecinos al ritmo de aguinaldos, violines, cuatro y maracas. Es fiesta, oración y encuentro. Fuera de Venezuela, ese mismo ritual se ha vuelto un ancla emocional: nos recuerda quiénes somos y con quiénes contamos.

Para quienes migraron en los últimos años, la Paradura aporta algo más que nostalgia: crea un círculo de confianza. Allí aparecen los acentos que extrañamos, la arepa caliente que calma, el “¿en qué te ayudo?” que abre puertas. En ciudades con inviernos duros, ese calor es literal y simbólico.

Así se está viviendo en la diáspora en 2026

En vecindarios de ciudades como Madrid, Bogotá, Santiago, Buenos Aires, Ciudad de México o Miami, comunidades venezolanas han adaptado la Paradura a pasillos comunitarios, parroquias, centros culturales y salones de edificios. Velitas eléctricas, termos con chocolate caliente y hallacas recalentadas acompañan cantos que, aunque lejos, suenan a hogar.

“No es solo tradición: es el abrazo que nos damos para seguir. Donde hay una Paradura, hay familia.”

Los grupos suelen coordinarse por chats vecinales o redes comunitarias. Algunas celebraciones invitan a vecinos de otras nacionalidades, convirtiendo la Paradura en puente cultural y en carta de presentación de Venezuela: hospitalaria, alegre y solidaria.

De la devoción al networking: oportunidades reales

Más allá del canto, estos encuentros se convierten en espacios de apoyo mutuo. Es común que familias recién llegadas consigan datos de habitaciones temporales, que profesionales compartan orientación pro bono y que emprendedores conecten con proveedores de insumos, desde harina de maíz hasta papelón.

También emergen iniciativas comunitarias: recolectas para abrigos, bancos de libros escolares y grupos para practicar el cuatro o enseñar aguinaldos a niñas y niños nacidos fuera. La cultura se vuelve herramienta de integración y, con ella, nuevas oportunidades laborales y afectivas.

Cómo sumarte con respeto (sin perder el sabor)

Si te acercas a una Paradura en tu ciudad, recuerda: es una tradición de fe abierta y familiar. Pregunta a los organizadores cómo colaborar (desde llevar un postre hasta ayudar con el orden). Si hay procesión en espacios comunes, respeta normas del lugar y evita bloqueos de paso. Y, si cantas, canta con el corazón: no hay afinación más bonita que la que construye comunidad.

Identidad que viaja, esperanza que crece

La Paradura del Niño no necesita cédula ni pasaporte: va en el alma y cabe en cualquier maleta. En ella encontramos orgullo, superación y oportunidades que nacen del encuentro. Donde hay un cuatro, una vela y ganas de ayudar, hay Venezuela.

Veneco te lee: cuéntanos cómo vive tu comunidad la Paradura este enero. ¿Qué canto no puede faltar? ¿Qué ayuda nació de ese encuentro? Sumemos historias que abriguen a toda la diáspora.

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